Vagancia postvacacional
Como el título de esta entrada deja entrever, estoy vaga. Las vacaciones me han dejado en un estado semicatatónico en lo que a mi blog se refiere pero ya empiezo a despertar. Estas vacaciones fueron larguíiiiiiiiiiisimas: primero la luna de miel, una semanita de trabajo y luego la Semana Santa. Y la semana siguiente solo trabajé el jueves. No me puedo quejar aunque, debido a mi vagancia, ahora tengo un montón de cosas que contar y no se por donde empezar. Empezaré por el principio, suele ser lo mejor:
La luna de miel fue estupenda. Volví cansada y con unos kilos menos pero con un montón de bellas imágenes aún en la retina y cientos de fotos y un diario de viaje que no me permitirán olvidarla en mucho, mucho tiempo. No se me olvidará la belleza de Budapest, la de Viena ni la de Praga. Me vuelvo con ganas de volver a visitarlas pero por libre, con tiempo, con el callejero en la mano y una tarjeta de transporte público para olvidarme del coche.

Vista de Pest desde Buda

Ayuntamiento de Viena

Reloj astronómico en Praga

Mi marido y yo
Semana Santa. La pasé en Gijón, mi Gijón del alma. Pertenezco a la Ilustre Hermandad de la Santa Vera Cruz así que no veo la Semana Santa, la vivo. Este año, como casi todos, la lluvia nos dio una tregua y pudimos salir todos los días. Al vivir tan lejos solo pude portear un día pero como no contaba con portear ninguno fue una gran alegría. Me encantó poder estar ahí un año más con todos mis compañeros, ayudando para que todo saliese bien. Al no cargar pude ir más relajada, verlo todo con detalle y tuve tiempo para reflexionar y rezar.

La Piedad

Grupo de porteadores de la Ilustre Hermandad de la Santa Vera Cruz
La vuelta a casa, lenta. Tuvimos que parar varias veces por Carbón pero así aprovechamos para estirar las piernas.
Vuelta al trabajo y vuelta a la normalidad. Parrillada el fin de semana con carne de Asturias, un grupo de amigos y buen humor.
Estoy vaga pero tengo una sonrisa de oreja a oreja. ¿Ahora entendeis por qué?

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