Saltos en el mapa
Parece que mi inspiración decidió tomarse unos días de vacaciones, por suerte ya volvió.
Poco a poco me voy adaptando a los cambios. Me apunté a un curso de caracterización teatral. Es muy divertido y los compañeros y el profesor son muy simpáticos. Aparte de lo que pueda aprender y divertirme, me viene bien tener una rutina, salir de casa y hablar con alguien que no sea mi marido o el gato.
Carbón es el que mejor se adaptó a la nueva situación. Ya tiene sus sitios favoritos para mirar por la ventana, para dormir la siesta, para jugar con sus juguetes. Se le ve contento.
Como prometí volver de visita por Abarán y me gusta cumplir mis promesas lo antes posible me "escapé" unos días en tren hasta allí. Cogí el tren hotel en Porriño un lunes y me fui hasta Madrid. Luego allí cogí otro tren hasta Murcia. Este tren pasa por Cieza pero no para allí así que vi pasar la estación ante mis ojos y seguí de largo pero, como no hay mal que por bien no venga, en la estación de Murcia me estaban esperando Miguel, Maritere, Rosario y Carmen. Me recibieron con un montón de besos y abrazos y nos fuimos al centro comercial Thader a comer, dar una vuelta y hacer unas compras. Yo estaba cansada pero feliz. Había cogido el tren en Porriño a las 22:50 y había llegado a Murcia a las 2 del mediodia, no pegué ojo en todo el viaje y aún así tenía ganas de mantenerme despierta y disfrutar de todo y lo conseguí hasta después de cenar. (Lo que hace la adrenalina!).
Pasé unos días estupendos en casa de Miguel, Maritere y Rosario. El viernes cogí el tren en Cieza hasta Madrid (esta vez no tuve que ir hasta Murcia a cogerlo). La despedida fue dolorosa pero con la promesa de volver de nuevo y de que ellos vendrían a conocer mi nueva casa. Tren hasta Madrid y allí otro tren hasta Porriño. En la estación me esperaba Jorge. Me acompañó a casa y se fue a trabajar. Me pasé casi todo el día durmiendo, cansada pero feliz.
Unos días después de mi viaje a Abarán nos fuimos tres días hasta Gijón. La mitad del camino conduje yo (siiiiiiiiiii!). En Gijón paramos poco en casa: fui al dentista, al banco, al fotógrafo y nos trajeron los nuevos muebles que sustituirían a los que venían defectuosos. Digo sustituirían porque, por tercera vez, venían mal. Después de dos años dándole vueltas al tema y sin que acaben por solucionarlo, me arrepiento de no haberlos comprado en Ikea y haberlos montado yo misma, así si salen mal será culpa mia y podré arreglarlo.
A la vuelta decidimos pasar un día en mi pueblo, que está en Lugo, para visitar a mi abuela. Yo llevé el coche todo el camino hasta allí (siiiiiiiiiiiii!) y desde allí salimos para Porriño y ¿quién llevó el coche? YOOOOOOOOOOOOOOOO.
Conmigo se hace realidad ese anuncio que dice: "¿Te gusta conducir?".
Ya volvió la rutina. Los días pasan con suavidad. Los saboreo con calma.
La rutina tiene su lado bueno.

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