Neuronas derretidas
Desde que empezó el verano no soy capaz de ponerme delante del ordenador, el calor que desprenden las baterías del portátil me quita las ganas de escribir alguna entrada. Hoy me levanté temprano así que, aprovechando el fresquito que aún entra por la ventana, voy a ponerme patas a la obra.
Terminó el curso y ya cobré mi último sueldo. Ahora tengo más tiempo libre y procuro ocuparlo si el calor lo permite.
Hace unos días nos juntamos un grupo de amigos para cenar en casa de uno de ellos. Nosotros llevamos unos filetes de ternera, chorizos criollos y rojos, pinchos morunos y un par de botellas de sidra. Entre todos hicimos una cena estupenda y nos divertimos juntos.
También visité Caravaca de la Cruz. Queda a unos kilómetros de aquí. Comimos en un bar y a las cuatro nos fuimos al santuario. El lugar es muy bonito y lo tienen muy cuidado. Aproveché la visita para comprarme un rosario y regalarle otro a una de las amigas que hice aquí en la calle para que me recuerde cuando me vaya.
Mi marido tuvo dos días libres (jueves y viernes) así que nos pegamos una escapadita a Asturias. Este viaje fue muy especial por dos motivos:
Se vinieron con nosotros una pareja de amigos, Miguel y Maritere, que en su día no pudieron ir de luna de miel por enfermedad y que el sueño de ella era conocer Asturias.
Disfrutamos de cuatro días estupendos paseando por Gijón, subiendo a los lagos de Covadonga, visitando a la Santina,subiendo a la torre de la Universidad Laboral, disfrutando de la gastronomía, etc. Volvimos a Abarán cansados pero, como dice Maritere "con el verde en la retina".
El segundo motivo es que aprovechamos para trasladar a Gijón la ropa de invierno puesto que no la vamos a necesitar ya. La obra que nos trajo aquí se está terminando y hay que empezar a empaquetar las cosas.
Fue duro llegar y es duro marcharse, sobre todo por volver a empezar de cero en otro lugar y dejar atrás tan buenos amigos pero esta es la vida que escogimos. Lo único que no voy a echar de menos son los 41ºC que vi ayer en un termómetro en el centro de Murcia. De golpe me hirvió la sangre y se me derritieron la mitad de las neuronas. Encima, cuando comenté con sorpresa y agobio lo de la temperatura alguien soltó una carcajada y me dijo: "Pero si esto no es nada, espera a que lleguemos a Agosto". Ahí fue cuando la otra mitad de mis neuronas se derritió.
Un saludo a todos desde delante del ventilador.

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